Maestros
¿para qué?, ¿con qué?.
María
Sara Vivas Araujo
La
vida escolar afianza contenidos programáticos contemplados en el currículum los
cuales reafirman objetivos, ejes integradores, áreas de aprendizaje bien
especificados de acuerdo con el nivel; del mismo modo, atemperados, los pilares adjudicados a la persona humana para: Aprender a
crear, a convivir y participar, a valorar y a reflexionar; y, ¿“Aprender a
Ser”?, ah, el Ser es núcleo, esencia, espíritu, intimidad compleja, lo diverso
que sustenta el ser social con identidad, creencias, sabiduría, virtudes. La
Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, en su informe a la
UNESCO, entre sus múltiples puntos, reseña que: “Más que nunca, la función
esencial de la educación es conferir a todos los seres humanos la libertad de
pensamiento, de juicio, de sentimientos y de imaginación que necesitan para que
sus talentos alcancen la plenitud y seguir siendo artífices, en la medida de lo
posible de su destino” (Delors, 1996). De aquí que la educación, praxis
interactiva toca particularidades para develar actitudes reflexivas que
comprenden, relacionan, contrastan… asocian aprendizajes.
El
punto es, que la infancia tiene que ser el centro de la familia; el hogar
realza ese mundo con amor, lo erige con ejemplo y, desde la pedagogía los
infantes son esculpidos con la constancia del proceso enseñanza-aprendizaje que
elogia la fuerza cognitiva para mover y conmover como olas esos pilares. Así,
asumiéndose como una constitución de hábitos entre los cuales ha de sobresalir
un ser organizado en su espacio para el estudio viviendo entrelazado con
realidades, insuflado de valores, disciplina, orden.
El
ser humano ostenta el derecho a la educación que le da significado para crecer
revalorizando la vida en su hondura, el progresivo desarrollo inspirador para
el convivir natural, con dignidad. “El ser humano se constituye a sí mismo en
un entorno sociocultural y esa “construcción” es el resultado de la interacción
con los otros…” (Colom 1994). Entonces, “Yo” con ese “Otro” que es mi semejante
en alianza por un “Nosotros” nutrido de identidad, pertenencia por la
comunidad, lo inmediato, lo local que despunta lo regional, lo nacional.
Freire
en su Proyecto Pedagógico expone la Educación Liberadora donde la niña y el
niño se desarrollan creativos, analíticos, diligentes, con actitud
participativa, tomando iniciativas, asumiendo autocontrol. Necesario revisar la
docencia. Sólo es posible formar ciudadanía -individuos educados, trabajadores,
que amen y valoren su terruño, cuiden la ciudad- con maestros henchidos de
vocación, críticos, estudiosos; enfocados en su rol y, considerados por el
Estado venezolano con mesura, remuneración justa, capacitación, que reverente
reconozca sus logros ganados en luchas magisteriales.
msarav2007@hotmail.com
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