María
Sara Vivas Araujo
El
trabajo en equipo se hizo evidente en la Universidad Nacional Experimental
Simón Rodríguez, Núcleo Valera, durante el Curso: Comprensión de la realidad
Nacional, Latinoamericana y Mundial de la Maestría Ciencias de La Educación,
los maestrantes responsables y comprometidos organizaron el Foro: Una Ventana a
la Realidad Educativa, enfocado en la Relación Escuela-Familia-Comunidad. Ahí, se
entendió la unicidad del trabajo, demostrándose que sí se pueden lograr metas y
propósitos, a la par, intensificar espiritualidad, verdad, robustecer la
identidad del “Yo” y con el “Otro” por un “Nosotros” inmerso en valores, diverso
en talentos, tradiciones y, más. Para exponer la temática desde diferentes experiencias,
los equipos invitaron a los ponentes: Paulina Polastro, Hylene Gutiérrez, Javier
Leal, Leonardo Delgado, Rafael Gil y Pedro Fuentes; fieles con la palabra
comunicante, persuadidos de que el debate es a partir de las ideas en aras del bien
común y la libertad.
Indudable
que, Escuela-Comunidad amerita actitudes frente a los hechos. Cierto es
también, que maestro y escuela son agentes transformadores, si apuestan
trabajando, a la integración; trabajando como un todo, cohesionados para
detectar amenazas, debilidades, a más de, fortalezas y oportunidades que saltan
a la vista. Compartir visión, misión, valores es abrir sendas al modelo de
organización social veraz, participativa, en la comprensión de nosotros mismos
para juntos ser, saberse, conocerse, en un hacer-quehacer unido que permita
vivir y convivir humanamente. Inverosímil esto, si se actúa en solitario, si inviable
es la comunicación y planificación. Siendo así, es improbable el salto
cualitativo propiciador de relaciones de confianza con sentido de pertinencia
que consagren Escuela-Comunidad, interpretación de que ahí están, de ahí son
nuestros estudiantes: Presente y futuro. Resultando efímera esta conexión porque
su transitar, a razón y emoción, anda precisamente por caminos bifurcados.
Las
instituciones educativas revelan a gritos que adolecen del trabajo en equipo
pensado, articulado; praxis prolífica en pro de una calidad educativa, que es,
educar para la vida. Es menester recordar al Maestro Prieto, impulsador de cambios
educativos, proponía una educación interrelacionada, reflexiva de su papel
formador, practicante de la unidad y el incesante espíritu cooperativo,
coordinado, que oye y responde de cara con la evolución social; entendiendo el
desarrollo del país que no es opresión ni alienación ni imposición, porque el
vivir es expresión, reconocimiento por el otro y preservación cuidadosa del
ambiente para la permanencia de la vida. Urge entonces, escuela con vocación,
devoción, que dispuesta convoque y, decidida asume su liderazgo; revalorizando,
además, el rol del docente como promotor de la transformación social.
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