sábado, 8 de julio de 2017

Una ventana a la Realidad Educativa.

María Sara Vivas Araujo

El trabajo en equipo se hizo evidente en la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, Núcleo Valera, durante el Curso: Comprensión de la realidad Nacional, Latinoamericana y Mundial de la Maestría Ciencias de La Educación, los maestrantes responsables y comprometidos organizaron el Foro: Una Ventana a la Realidad Educativa, enfocado en la Relación Escuela-Familia-Comunidad. Ahí, se entendió la unicidad del trabajo, demostrándose que sí se pueden lograr metas y propósitos, a la par, intensificar espiritualidad, verdad, robustecer la identidad del “Yo” y con el “Otro” por un “Nosotros” inmerso en valores, diverso en talentos, tradiciones y, más. Para exponer la temática desde diferentes experiencias, los equipos invitaron a los ponentes: Paulina Polastro, Hylene Gutiérrez, Javier Leal, Leonardo Delgado, Rafael Gil y Pedro Fuentes; fieles con la palabra comunicante, persuadidos de que el debate es a partir de las ideas en aras del bien común y la libertad.
Indudable que, Escuela-Comunidad amerita actitudes frente a los hechos. Cierto es también, que maestro y escuela son agentes transformadores, si apuestan trabajando, a la integración; trabajando como un todo, cohesionados para detectar amenazas, debilidades, a más de, fortalezas y oportunidades que saltan a la vista. Compartir visión, misión, valores es abrir sendas al modelo de organización social veraz, participativa, en la comprensión de nosotros mismos para juntos ser, saberse, conocerse, en un hacer-quehacer unido que permita vivir y convivir humanamente. Inverosímil esto, si se actúa en solitario, si inviable es la comunicación y planificación. Siendo así, es improbable el salto cualitativo propiciador de relaciones de confianza con sentido de pertinencia que consagren Escuela-Comunidad, interpretación de que ahí están, de ahí son nuestros estudiantes: Presente y futuro. Resultando efímera esta conexión porque su transitar, a razón y emoción, anda precisamente por caminos bifurcados.
Las instituciones educativas revelan a gritos que adolecen del trabajo en equipo pensado, articulado; praxis prolífica en pro de una calidad educativa, que es, educar para la vida. Es menester recordar al Maestro Prieto, impulsador de cambios educativos, proponía una educación interrelacionada, reflexiva de su papel formador, practicante de la unidad y el incesante espíritu cooperativo, coordinado, que oye y responde de cara con la evolución social; entendiendo el desarrollo del país que no es opresión ni alienación ni imposición, porque el vivir es expresión, reconocimiento por el otro y preservación cuidadosa del ambiente para la permanencia de la vida. Urge entonces, escuela con vocación, devoción, que dispuesta convoque y, decidida asume su liderazgo; revalorizando, además, el rol del docente como promotor de la transformación social. 

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