miércoles, 28 de marzo de 2018


Ciudadanía, Compromiso Nacional.
María Sara Vivas Araujo

Interactuamos en un escenario social osado. Sin pudores, muestra en grado sumo la distensión del lenguaje que complementa desmesura e incomprensión en las relaciones interpersonales; escenas cotidianas de maltrato entre semejantes, animadas por la desidia y fanatismo a la verdad absoluta pueblan lo social; suprimiendo vivencias de momentos interesantes para el razonamiento de opiniones enmarcadas por el consenso y disenso que, cuidadosamente, vigorizan la participación ciudadana y el apego por el amor prolijo a la verdad. En tanto, sin capacidad de reacción, se observa cómo la violencia asume el papel estelar al puntear la larga y compleja cadeneta de lo social, entretejiéndose  oprobiosa, desmoralizante, inhumana. Estamos justo en el nudo crítico que deviene toda transición transformadora. Aún se macera esquemas que constriñen el panorama real social, enmudeciendo actos que desvirtúan y enlutan el presente, excluyendo y marchitando lo trascendental, innegable. Modo de vida social acostumbrado, en valioso porcentaje, a deshojar la margarita de la lisonja y la creencia de que somos pobres.
Imperativo, el ejercicio digno de ciudadanía que consolide genuina convivencia humana con actitudes cívicas en defensa de justicia social, replanteando la sociedad amenizada por los principios constitucionales, proyectando el orgullo de nuestras raíces; pueblo histórico que ennoblece el suelo nativo y su patrimonio cultural preclaro en la visión transformadora. Vital, ungirse de conocimiento y sensibilidad para lograr instituir la comunidad organizada que reafirme relaciones interpersonales viables dentro del sistema social.
Distintos, unos y otros, con diferencias pero, vestidos idénticos de respeto, para reconocerse y aceptarse. Primordial, la sensatez dialéctica que, echando mano del lenguaje instaura mediante él, el orden y las relaciones solidarias, equitativas orientando sabiduría, benevolencia y moderación. Coexistiendo el “yo” y el “tú” impregnados de Patria, compartiendo el patrimonio social, unidos por el carácter formativo, educados para la vida en función del compromiso social comunitario, en cargos y responsabilidades según estudios, capacitación, talento; con postura reflexiva-crítica-participativa erguida en realidades.
Comunidad integrada escuela-familia-universidad. Así, probos, interconectados por la anchura dialógica sapiente, ensalzando lo humano, proponiendo desde lo local, metas y objetivos comunes favorables a la Nación. El colectivo constructor, artífice de la confianza en el bien común. Jonuel Brigue, (1994) recrea la senda del arte para los cambios en Latinoamérica: “La poesía, la literatura, la mitología, la arquitectura, la escultura, la pintura… han constituido los soportes fundamentales que le han dado sentido de pertenencia al hombre americano” El Arte vivifica la esencia de los individuos, posicionándolos libres con ímpetu para decidir asumiendo responsabilidad; concienciados con los espacios y circunstancias que repintan escenario social. Venezuela, hermosa Nación que exhibe galerías de bellezas geográficas, galante de múltiples riquezas, su gentilicio es glorificado desde nuestros antepasados, mayormente, por las buenas costumbres encauzadas del vivir y compartir en familia, conversación sabia ataviada por la palabra hermosa, alentadora, edificante, que enarbola civilismo de pueblo evolucionado, estudioso, trabajador; poseedor de identidad, orígenes, historia, leyendas.
Carta Magna de donde derivan las leyes que velan la seguridad en los órdenes del escenario venezolano, que rigen la transformación social, “proyecto de país” en letra constitucional; Instituciones abrazadas a las comunidades, por el desarrollo en función del bienestar social. Pareciera describir añoranza. ¿Lo dibujado con letras, palabras, hechos, realidades, concuerda? ¿Estamos ajenos al auténtico compromiso para transformar? ¿Poseemos la voluntad? ¿Dónde queda el glorioso Himno Nacional?, declama, “bravo pueblo” con “virtud y honor” Cardinal es el repensar ético, moral, venezolano del “yo” y el “tú” para el encuentro humanista del “nosotros” que forja la República.





Compromiso
María Sara Vivas Araujo

El Planeta, desde sus orígenes ha girado cambios progresivos en procura del equilibrio para hacer posible la vida humana y otras especies. Desde tiempos inmemoriales mujeres y hombres en sana relación con la naturaleza exploran, intervienen, modifican en función de la prosperidad y magistral estado de paz. La sociedad de consumo provocó insaciables exigencias humanas arreando el avance industrial que atizó el bárbaro sometimiento rompiendo el donaire de la relación Humano-Ambiente; como dice el Papa Francisco: La ávida destrucción de los recursos ambientales constituye otra herida a la paz. Cruel e injusta desventura ecológica, mundial, obvia convenios, cartas, discursos, políticas, presupuestos. Antes y ahora, persisten delitos ambientales con anuencia de autoridades, quienes pretextando eficiencia de gestión muestran arrojo de complicidad con fieros mercaderes poniendo en peligro sus susceptibles sistemas, los cuales conforman universo de seres y fenómenos que decantan bondad, energía, vida.
La ciudadanía pareciera anidar indiferencia y olvido, infortunio que encubre acuciantes agravios desde tala y quema irracional, así como hábiles afrentas a la historia, personajes ilustres, Instituciones; esto, devasta y aflige colectividades en el intento de saberse, identificarse, organizarse. Chocante, seres que mofan al pueblo y a la justicia, protagonistas dañinos se bambolean ilesos, enseñoreados con el poder. Claro, unas memorias los elogian, otras sienten impotencia y coraje.
Enmendar actitudes erróneas es, vivir hoy prefigurando el mañana sin menoscabo del equilibrio ambiental, es no dejar en pocos tal responsabilidad. Desde la educación se ha de formar generaciones comprometidas; a la más tierna edad de nuestros niños y niñas, el maestro de espíritu dinámico, intenso, inspirador aprovecha métodos y actividades alusivas, apetitosas, diversas; lecturas, dibujo, pintura…; cursos, concursos conversatorios, así va modelando conciencias conservacionistas, leales al plantear, denunciar y acompañar acciones con iniciativas de solución a problemas ecológicos palpables. Importante, replicar la escuela en la comunidad. La práctica sobre lo real cristalizaría sueños de vida espiritual y material, legado de libertad y paz a generaciones venideras.
Esmerada debería ser la selección del personal responsable del ambiente: Probo, capacitado, integracionista para trabajar con comunidades adiestradas y dispuestas a proteger, defender, preservar. Es de impulsar el debate entre y, en todos los niveles educativos con grupos ecologistas, instituciones públicas y privadas, en zonas rurales y urbanas. Los crímenes ambientales cometidos son inocultables, vale entonces, repensar el modo de investigar para hacer justicia, desarticular redes y paralizar la impunidad atestando castigos ejemplarizantes.





A la verdad…
María Sara Vivas Araujo

“¿Vamos a lograr la paz de los sepulcros? No puede ser.
Nunca es tarde para encontrar una solución que no sea matarnos unos a los otros, porque la violencia nunca lo será”.
Cardenal, Baltazar Porras

Como ciudadanía tenemos tareas que cumplir en aras del bienestar personal que trasciende el bienestar de comunidad. Esas tareas o actividades nos corresponde realizarlas con responsabilidad siendo ejemplares y modelos de vida en función de las generaciones venideras. Ahí el conocimiento, la virtud, la verdad, las leyes.  Desde el gobierno se habla: “para el pueblo la máxima felicidad posible”, también se añade la paz, “somos un pueblo de paz”. Sin embargo, por los cuatro puntos cardinales campea la aflicción, la violencia. Día tras día, la desesperanza por escasez de alimentos, medicamentos, desempleo, insalubridad, inseguridad, violencia inhumana, toma cuerpo. Sófocles señala: “Hay un punto pasado el cual, hasta la justicia se vuelve injusta”. Inadmisible. Pareciera el territorio de “sálvese quien pueda” o, “ley del más fuerte”. La sociedad venezolana se anega en la incertidumbre.
Desde siempre, los gobiernos de turno del pasado reciente, fueron criticados por su populismo, el cual, convertía al ciudadano dependiente de “papá gobierno”. Hoy, el populismo desmedido impide que muchos niños, niñas, adolescentes y jóvenes sean artistas constructores de su desarrollo y crecimiento, con grandeza espiritual, personas libres, independientes, quienes, mediante el estudio y el trabajo creador avancen reconvertidos, cultos, seguros de sí, creativos, honestos con actitud frente a la vida. El gobierno en sí, entraña gestión, por lo que administrar tiene que ser cabal, asimismo, la contraloría, la evaluación impasibles, porque de lo contrario políticas a trocha y mocha tejen una malla de corrupción imparable, con distorsión de la personalidad, descontento y, por consiguiente, el efecto búmeran al ser afectados intereses de élites y grupos; la brecha social es insondablemente incomparable y brutal. En este escenario, la mentira ha desplazado a la verdad, en consecuencia, se corona el reino de la violencia. Quienes nos gobiernan tienen que adecentarse y ponerse en sintonía con la realidad que consume a los venezolanos, de más en más, saber conjugar las dimensiones de ser políticos y personas virtuosas, con conocimiento y verdad proporcionar a los ciudadanos “la suma de felicidad posible”. Curtis A., nos dice: “Vivimos en un mundo donde los poderosos nos engañan. Sabemos que mienten, y ellos saben que sabemos que mienten, pero no les importa. Decimos que nos importa, pero no hacemos nada. Nada nunca cambia. Es normal. Bienvenidos al mundo de la posverdad.” (2016). Vital recuperar la conciencia, y obrar con superlativa rectitud por el amor a la verdad, respetando la diferente.


Distorsión
María Sara Vivas Araujo

No hay duda de que a partir del hogar se comienza la formación en valores, luego, la escuela implicando el Ser, el Hacer, el Conocer y el Convivir hace hincapié en estos a medida que avanza el proceso enseñanza y aprendizaje con su diversidad temática educativa contextualizada. La educación en valores abarca todos los subsistemas del Sistema Educativo Venezolano. De ahí, la importancia de la educación consagrada como derecho esencial para formar hombres y mujeres íntegros e integrales revalorando y exigiendo sus derechos, al tiempo, conociendo y cumpliendo cabalmente sus deberes por una convivencia social apacible. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), contempla que el Estado venezolano garantice la gratuidad, calidad y equidad de la educación, además tiene la obligación de dar a la población seguridad y bienestar, entre otros tantos derechos.
Sin embargo, vemos estupefactos cómo emanan actitudes asumiendo sin más ni más un puñado de valores contracorriente de aquellos valores con que fuimos formados de generación en generación ya en la familia, ya en la escuela, ya en las distintas organizaciones, asociaciones, etc. En el presente, hay una reaparición de valores alevosos que están cobrando fuerza culturalmente, y, ¿cómo no? si son convidados y cuidadosamente instaurados en la sociedad a causa de la impunidad que los custodia, fotografiando una imagen de sociedad estremecedora entre víctimas y victimarios bajo la mirada de los diversos actores educativos, familia, organismos, instituciones, en fin, comunidad entera. El día a día se asoma a destajo, es decir, con empeño y sin descanso sujetos por cuenta propia alzan el irrespeto, la viveza, la infamia, la extorsión, el secuestro, el asalto, el crimen, el hurto, la violación en todas sus formas,… Es natural una mentira, es natural el pago incompleto de una pensión a una abuela o abuelito; es natural el saboteo de un pago por la cosecha a un productor del campo, es natural ocupar el primer puesto en la cola, aunque se llegue de último, es natural cuánta actitud deshonesta, con mala voluntad… Sobrevivimos en una sociedad amenazada por la violencia que trae desesperanza. Lo grave es, que quien contraviene al otro, creció convencido de esos, sus valores súper tóxicos; antivalores para quienes fidedignos profesan “no hagas al otro lo que no quieres que te hagan”, aceptando al semejante “como un legítimo otro”. Humberto Maturana nos dice que, “El niño se transformará en su convivencia conmigo según la legitimidad que yo le dé a su convivir. Si soy intransigente, el niño aprenderá a ser intransigente; si soy chabacano, el niño aprenderá a ser chabacano (…). Esto lo aprenderá no como algo externo sino como un modo de ser en el vivir. Uno aprende el mundo que uno vive con el otro” (2008).