domingo, 26 de febrero de 2017

Educadores y desafíos.




María Sara Vivas Araujo

Profesionales de la docencia con vocación y mística, forjadores de una genuina praxis docente y personas que por razones varias, cruzan los escenarios educativos, pertinente compartir para la reflexión el apotegma del Maestro, Luis Beltrán Prieto Figueroa: “Venezuela será lo que sus maestros quieran que sea”. Mensaje para asumir responsabilidades en profundo y también soluciones en el horizonte educativo en cuanto a las emanaciones de enseñanza y aprendizaje.
Los educadores sumergidos en el acontecer educativo interpretan el ímpetu de una dinámica social vertiginosa envolvente de fortalezas y múltiples dificultades. Contradicciones que, de cara al siglo XXI exigen docencia liderando comunidades, empalmando encuentros, reuniones, asambleas interactivas en un clima cotidiano, próximo con el educando, su familia y el contexto. A la escuela corresponde mantener puertas y ventanas de par en par, activando la participación que plantea, evalúa, redimensiona experiencias, vivencias, luchas coherentes que  empoderan realidad en aras de transformarla, al tiempo, resarcir lo negativo, lo rutinario, causas por la cual, los escolares se embelesan con distractores socializantes “atractivos” para conocer al otro e interrelacionarse y, explorar el mundo fuera de su mundo familiar.
El maestro convencido de su apostolado tiene que imbuirse en lo novedoso para los cambios necesarios, con visión crítica empinarse en la era tecnológica y de información, preparado ante la asombrosa avidez de los niños y de las niñas que, cargan la lonchera, pero también, las computadoras Canaima donde hallan una vasta gama de conocimientos científicos, culturales, tecnológicos, ambientales… que quieren compartir ardorosamente con sus pares y con el docente, su modelo. La escuela, pudiera ir a paso moderado, en contraste con la realidad que la circunscribe.
Preponderante la exaltación del ser histórico, ser social, educado, humano, revitaliza conciencias, seres fascinantes, apegados con el lugar que los cobija día a día, con amor por su cultura. Maestro y maestra interesados e impregnados de la cotidianidad de los escolares y sus afectos; conociendo y reconociendo palmo a palmo cada rincón, esquina, cuadra con su identidad, historia, costumbres, tradiciones, esto es, animar sensibilidad, ética, estética, desarrollo humano. Docentes conscientes de su rol de promotores sociales que, entendidos de los infortunios que agobian el contexto, accionan en conjunción con los diversos actores sociales. Paladines para interconectar escuela, familia, comunidad; trío que mediante conversación franca y cálida propulsa políticas educativas; dialéctica que coadyuva equidad socioeconómica cultural; bien común. Educación cónsona con miras al modelo de país acunado en la Constitución Bolivariana.
Prieto, maestro insigne venezolano del siglo XX trascendió la frontera patria con su pensamiento y obrar educativo, puntualizaba, “Una Nación se construye con hombres capaces, de mente despierta e imaginación alerta, cerebro y corazón puestos diligentes en el servicio de la colectividad” (1936). El hecho educativo solicita docentes consumados en valores y principios, con formación permanente adecuada, reverberando actitudes analíticas, críticas y ejemplo de país educado. Estudiantes creciendo juntos, libres, creativos, valientes en las decisiones y compromisos; viviendo en igualdad de condiciones absorberán y seguirán un rumbo con sentido, conscientes del “yo”, “nosotros” y del entorno; construyendo con amor y conocimiento caminos de Matria ennoblecedora de la Patria Grande.
Celebramos encuentros de líderes magisteriales y gobierno regional por el logro de reivindicaciones. Diálogo pródigo y justo replantea compromisos, sabiendo que salud, vivienda, capacitación, recreación, protección integral son derechos elementales de los docentes que cuidan educando para la vida, con exigencias y retos palpitantes a niños, niñas y adolescentes: Hoy y mañana, Soles de la Patria.
voces_valera@hotmail.com




Tesitura docente.


María Sara Vivas Araujo

Al repensar la educación en esencia y en la esencia de la nación, es vital formar desde la más temprana edad bases de identidad, autonomía, equilibrio emocional, en aras de hombres y mujeres con actitud frente a la vida que en sociedad cambiante, vertiginosa fragüen convivencialidad. La Ley de Educación reseña que es función indeclinable y de máximo interés del Estado venezolano garantizar la idoneidad de los trabajadores y las trabajadoras de la educación, velar por la formación permanente en atención al perfil requerido por los niveles y modalidades del Sistema Educativo.
El Estado tiene que asegurar en cada institución educativa profesionales de la docencia que desborden vocación, admirados ya por su ejemplo personal, ya por su práctica docente cuya inspiración es la persona misma. Como dice George Steiner, maestros que cincelan la mente y vigorizan la inteligencia de los estudiantes y así, hermanándolos con la sabiduría, asienta las bases de una sociedad democrática, libre, capaz de resistirse a la injusticia y de forjar pacíficamente su destino. Y, es que el devenir promisorio del país radica en fortalecer, formando esa unidad integradora bio/ psico/ social/ espiritual/ histórica/ ambiental: Infancia, adolescencia, juventud, familia, comunidad bases de una nación para la genuina participación ética, consciente, sapiente.
Hoy, la vida en común se torna complicada, las diferencias interfieren las relaciones interpersonales ampliando abismos de resentimientos, de injusticias, de irrespetos que impiden espacios para disertar, consensuar…, urge educación enraizada en valores importantes de convivencia; ciudadanía construyendo espacio social armónico, en mutuo apoyo, con igualdad de oportunidades.
Venezuela será lo que sus maestros quieren que sea, aseveró el Maestro Prieto, menester la educación cualificada con fundamentos filosóficos, sociológicos, psicológicos que perfile persona siendo, conociendo, haciendo, conviviendo; país, sociedad del conocimiento reverberando pensamiento, memoria, desarrollo lingüístico-comunicativo en la interpretación dialéctica de la contradicción liberación-dominación. Cada acción del docente tiene que ser y contener lecciones de libertad e independencia. La educación, no es un diseño de nudos incongruentes y, el ejercicio docente no es juego de azar de partidos, amigos y compadres. Planes, programas, proyectos irán al traste si cada vez se hace más notoria la ausencia de auténticos maestros. Desocultar entresijos y poquedades; resarcir errores con la esperanza de que algo extraordinario suceda entre “Yo”, “Ellos” y “Nosotros” para ver más de lo que entendemos o, para entender más de lo que vemos. No en vano es decir que, escuela y maestro son agentes transformadores.
msarav2007@hotmail.com



Confianza y sensatez.


María Sara Vivas Araujo

La sociedad humana se halla franqueada por incertidumbres que amplían su vulnerabilidad generando desavenencias y, falsas expectativas que dañan la confianza. Día tras día inesperados acontecimientos sobresaltan y espantan la tranquilidad y el bien merecido sosiego, pues, noticias, informaciones, hechos inhumanos son reiteraciones que afectan desfavorablemente la frágil y compleja cotidianidad. Ciertamente que el vivir se mueve en un mundo convulso, de penas y tristezas injustas que erosionan las francas relaciones humanas. En contraste a la cercanía natural, elemental y racional del entendimiento guiado por la palabra que norma y construye círculos sociales virtuosos se asoma la desconfianza de todos contra todos, aislando la relación dialógica que orienta el vivir como tiene que ser. Cada vez, nos apartamos años luz de las tradiciones, de las buenas costumbres, de la franqueza y la cordura; se busca el escondrijo dejando de lado ser los constructores de una sociedad humana en esencia, innovadora, futurista, donde lo individual armonice con lo colectivo.
Si bien es cierto que, desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha estado llena de argumentaciones desmesuradas para someter al otro por las diferencias de credo, raza, propiedad, insana competitividad, amor irrefrenable por el poder; también es cierto que en nombre de los avances, por respeto a la razón, al corazón, al ambiente, deberíamos centrar el pensar reflexivo en el valor y la sangre derramada por nuestros libertadores, el trabajo de nuestros antepasados por erigir un pueblo digno, ecuánime y libre, y, una patria soberana; en el goce de las bondades que ofrece el conocimiento y su empoderamiento como herramienta de capacidad para la transformación social.
Fundamental desde la familia formar a las hijas e hijos con claros principios que enaltecen el diálogo; luego, la escuela educa a las niñas y a los niños exploradores y constructores de sus mundos, “La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito” (Emerson R) y, en conjunción con ese ramaje institucional de movimientos religiosos, deportivos, ecológicos, culturales traducen los primeros destellos de socialización en función del sano crecimiento y desarrollo físico, mental, espiritual, forjadores de actitudes que con verdad giran frente al otro, con la otra, conscientes de las normas establecidas, con decisiones acertadas, inculcadas por la confianza puntal de seguridad, canto de exaltación a la sensatez, al sentido común; semilla que germina con la tierna edad reafirmando carácter, valor y mesura; nutrientes constructores de relaciones humanas en la paz. Simón Bolívar, visionario, con énfasis en sus sabias palabras advirtió que: Un pueblo pervertido, si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla. (1819)