domingo, 26 de febrero de 2017

Confianza y sensatez.


María Sara Vivas Araujo

La sociedad humana se halla franqueada por incertidumbres que amplían su vulnerabilidad generando desavenencias y, falsas expectativas que dañan la confianza. Día tras día inesperados acontecimientos sobresaltan y espantan la tranquilidad y el bien merecido sosiego, pues, noticias, informaciones, hechos inhumanos son reiteraciones que afectan desfavorablemente la frágil y compleja cotidianidad. Ciertamente que el vivir se mueve en un mundo convulso, de penas y tristezas injustas que erosionan las francas relaciones humanas. En contraste a la cercanía natural, elemental y racional del entendimiento guiado por la palabra que norma y construye círculos sociales virtuosos se asoma la desconfianza de todos contra todos, aislando la relación dialógica que orienta el vivir como tiene que ser. Cada vez, nos apartamos años luz de las tradiciones, de las buenas costumbres, de la franqueza y la cordura; se busca el escondrijo dejando de lado ser los constructores de una sociedad humana en esencia, innovadora, futurista, donde lo individual armonice con lo colectivo.
Si bien es cierto que, desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha estado llena de argumentaciones desmesuradas para someter al otro por las diferencias de credo, raza, propiedad, insana competitividad, amor irrefrenable por el poder; también es cierto que en nombre de los avances, por respeto a la razón, al corazón, al ambiente, deberíamos centrar el pensar reflexivo en el valor y la sangre derramada por nuestros libertadores, el trabajo de nuestros antepasados por erigir un pueblo digno, ecuánime y libre, y, una patria soberana; en el goce de las bondades que ofrece el conocimiento y su empoderamiento como herramienta de capacidad para la transformación social.
Fundamental desde la familia formar a las hijas e hijos con claros principios que enaltecen el diálogo; luego, la escuela educa a las niñas y a los niños exploradores y constructores de sus mundos, “La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito” (Emerson R) y, en conjunción con ese ramaje institucional de movimientos religiosos, deportivos, ecológicos, culturales traducen los primeros destellos de socialización en función del sano crecimiento y desarrollo físico, mental, espiritual, forjadores de actitudes que con verdad giran frente al otro, con la otra, conscientes de las normas establecidas, con decisiones acertadas, inculcadas por la confianza puntal de seguridad, canto de exaltación a la sensatez, al sentido común; semilla que germina con la tierna edad reafirmando carácter, valor y mesura; nutrientes constructores de relaciones humanas en la paz. Simón Bolívar, visionario, con énfasis en sus sabias palabras advirtió que: Un pueblo pervertido, si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla. (1819)


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