María
Sara Vivas Araujo
Profesionales de la docencia con vocación y
mística, forjadores de una genuina praxis docente y personas que por razones
varias, cruzan los escenarios educativos, pertinente compartir para la
reflexión el apotegma del Maestro, Luis Beltrán Prieto Figueroa: “Venezuela
será lo que sus maestros quieran que sea”. Mensaje para asumir
responsabilidades en profundo y también soluciones en el horizonte educativo en
cuanto a las emanaciones de enseñanza y aprendizaje.
Los educadores sumergidos en el acontecer
educativo interpretan el ímpetu de una dinámica social vertiginosa envolvente
de fortalezas y múltiples dificultades. Contradicciones que, de cara al siglo
XXI exigen docencia liderando comunidades, empalmando encuentros, reuniones,
asambleas interactivas en un clima cotidiano, próximo con el educando, su
familia y el contexto. A la escuela corresponde mantener puertas y ventanas de
par en par, activando la participación que plantea, evalúa, redimensiona experiencias,
vivencias, luchas coherentes que empoderan realidad en aras de transformarla,
al tiempo, resarcir lo negativo, lo rutinario, causas por la cual, los escolares
se embelesan con distractores socializantes “atractivos” para conocer al otro e
interrelacionarse y, explorar el mundo fuera de su mundo familiar.
El maestro convencido de su apostolado tiene
que imbuirse en lo novedoso para los cambios necesarios, con visión crítica empinarse
en la era tecnológica y de información, preparado ante la asombrosa avidez de
los niños y de las niñas que, cargan la lonchera, pero también, las
computadoras Canaima donde hallan una vasta gama de conocimientos científicos,
culturales, tecnológicos, ambientales… que quieren compartir ardorosamente con
sus pares y con el docente, su modelo. La escuela, pudiera ir a paso moderado,
en contraste con la realidad que la circunscribe.
Preponderante la exaltación del ser histórico,
ser social, educado, humano, revitaliza conciencias, seres fascinantes,
apegados con el lugar que los cobija día a día, con amor por su cultura. Maestro
y maestra interesados e impregnados de la cotidianidad de los escolares y sus
afectos; conociendo y reconociendo palmo a palmo cada rincón, esquina, cuadra
con su identidad, historia, costumbres, tradiciones, esto es, animar sensibilidad,
ética, estética, desarrollo humano. Docentes conscientes de su rol de
promotores sociales que, entendidos de los infortunios que agobian el contexto,
accionan en conjunción con los diversos actores sociales. Paladines para
interconectar escuela, familia, comunidad; trío que mediante conversación
franca y cálida propulsa políticas educativas; dialéctica que coadyuva equidad socioeconómica
cultural; bien común. Educación cónsona con miras al modelo de país acunado en
la Constitución Bolivariana.
Prieto, maestro insigne venezolano del siglo
XX trascendió la frontera patria con su pensamiento y obrar educativo,
puntualizaba, “Una Nación se construye con hombres capaces, de mente despierta
e imaginación alerta, cerebro y corazón puestos diligentes en el servicio de la
colectividad” (1936). El hecho educativo solicita docentes consumados en
valores y principios, con formación permanente adecuada, reverberando actitudes
analíticas, críticas y ejemplo de país educado. Estudiantes creciendo juntos, libres,
creativos, valientes en las decisiones y compromisos; viviendo en igualdad de
condiciones absorberán y seguirán un rumbo con sentido, conscientes del “yo”, “nosotros”
y del entorno; construyendo con amor y conocimiento caminos de Matria ennoblecedora
de la Patria Grande.
Celebramos encuentros de líderes
magisteriales y gobierno regional por el logro de reivindicaciones. Diálogo
pródigo y justo replantea compromisos, sabiendo que salud, vivienda,
capacitación, recreación, protección integral son derechos elementales de los
docentes que cuidan educando para la vida, con exigencias y retos palpitantes a
niños, niñas y adolescentes: Hoy y mañana, Soles de la Patria.
voces_valera@hotmail.com
No hay comentarios.:
Publicar un comentario