Ciudadanía,
Compromiso Nacional.
María
Sara Vivas Araujo
Interactuamos en un escenario social osado. Sin
pudores, muestra en grado sumo la distensión del lenguaje que complementa
desmesura e incomprensión en las relaciones interpersonales; escenas cotidianas
de maltrato entre semejantes, animadas por la desidia y fanatismo a la verdad
absoluta pueblan lo social; suprimiendo vivencias de momentos interesantes para
el razonamiento de opiniones enmarcadas por el consenso y disenso que,
cuidadosamente, vigorizan la participación ciudadana y el apego por el amor
prolijo a la verdad. En tanto, sin capacidad de reacción, se observa cómo la
violencia asume el papel estelar al puntear la larga y compleja cadeneta de lo
social, entretejiéndose oprobiosa, desmoralizante,
inhumana. Estamos justo en el nudo crítico que deviene toda transición
transformadora. Aún se macera esquemas que constriñen el panorama real social,
enmudeciendo actos que desvirtúan y enlutan el presente, excluyendo y marchitando
lo trascendental, innegable. Modo de vida social acostumbrado, en valioso
porcentaje, a deshojar la margarita de la lisonja y la creencia de que somos
pobres.
Imperativo, el ejercicio digno de ciudadanía
que consolide genuina convivencia humana con actitudes cívicas en defensa de
justicia social, replanteando la sociedad amenizada por los principios
constitucionales, proyectando el orgullo de nuestras raíces; pueblo histórico
que ennoblece el suelo nativo y su patrimonio cultural preclaro en la visión
transformadora. Vital, ungirse de conocimiento y sensibilidad para lograr
instituir la comunidad organizada que reafirme relaciones interpersonales
viables dentro del sistema social.
Distintos, unos y otros, con diferencias
pero, vestidos idénticos de respeto, para reconocerse y aceptarse. Primordial,
la sensatez dialéctica que, echando mano del lenguaje instaura mediante él, el orden
y las relaciones solidarias, equitativas orientando sabiduría, benevolencia y moderación.
Coexistiendo el “yo” y el “tú” impregnados de Patria, compartiendo el
patrimonio social, unidos por el carácter formativo, educados para la vida en
función del compromiso social comunitario, en cargos y responsabilidades según estudios,
capacitación, talento; con postura reflexiva-crítica-participativa erguida en realidades.
Comunidad integrada escuela-familia-universidad.
Así, probos, interconectados por la anchura dialógica sapiente, ensalzando lo
humano, proponiendo desde lo local, metas y objetivos comunes favorables a la
Nación. El colectivo constructor, artífice de la confianza en el bien común. Jonuel
Brigue, (1994) recrea la senda del arte para los cambios en Latinoamérica: “La
poesía, la literatura, la mitología, la arquitectura, la escultura, la pintura…
han constituido los soportes fundamentales que le han dado sentido de
pertenencia al hombre americano” El Arte vivifica la esencia de los individuos,
posicionándolos libres con ímpetu para decidir asumiendo responsabilidad;
concienciados con los espacios y circunstancias que repintan escenario social.
Venezuela, hermosa Nación que exhibe galerías de bellezas geográficas, galante
de múltiples riquezas, su gentilicio es glorificado desde nuestros antepasados,
mayormente, por las buenas costumbres encauzadas del vivir y compartir en
familia, conversación sabia ataviada por la palabra hermosa, alentadora,
edificante, que enarbola civilismo de pueblo evolucionado, estudioso,
trabajador; poseedor de identidad, orígenes, historia, leyendas.
Carta Magna de donde derivan las leyes que
velan la seguridad en los órdenes del escenario venezolano, que rigen la
transformación social, “proyecto de país” en letra constitucional; Instituciones abrazadas a las
comunidades, por el desarrollo en función del bienestar social. Pareciera describir añoranza. ¿Lo dibujado con
letras, palabras, hechos, realidades, concuerda? ¿Estamos ajenos al auténtico compromiso
para transformar? ¿Poseemos la voluntad? ¿Dónde queda el glorioso Himno
Nacional?, declama, “bravo pueblo” con “virtud y honor” Cardinal es el repensar
ético, moral, venezolano del “yo” y el “tú” para el encuentro humanista del “nosotros”
que forja la República.