miércoles, 28 de marzo de 2018




A la verdad…
María Sara Vivas Araujo

“¿Vamos a lograr la paz de los sepulcros? No puede ser.
Nunca es tarde para encontrar una solución que no sea matarnos unos a los otros, porque la violencia nunca lo será”.
Cardenal, Baltazar Porras

Como ciudadanía tenemos tareas que cumplir en aras del bienestar personal que trasciende el bienestar de comunidad. Esas tareas o actividades nos corresponde realizarlas con responsabilidad siendo ejemplares y modelos de vida en función de las generaciones venideras. Ahí el conocimiento, la virtud, la verdad, las leyes.  Desde el gobierno se habla: “para el pueblo la máxima felicidad posible”, también se añade la paz, “somos un pueblo de paz”. Sin embargo, por los cuatro puntos cardinales campea la aflicción, la violencia. Día tras día, la desesperanza por escasez de alimentos, medicamentos, desempleo, insalubridad, inseguridad, violencia inhumana, toma cuerpo. Sófocles señala: “Hay un punto pasado el cual, hasta la justicia se vuelve injusta”. Inadmisible. Pareciera el territorio de “sálvese quien pueda” o, “ley del más fuerte”. La sociedad venezolana se anega en la incertidumbre.
Desde siempre, los gobiernos de turno del pasado reciente, fueron criticados por su populismo, el cual, convertía al ciudadano dependiente de “papá gobierno”. Hoy, el populismo desmedido impide que muchos niños, niñas, adolescentes y jóvenes sean artistas constructores de su desarrollo y crecimiento, con grandeza espiritual, personas libres, independientes, quienes, mediante el estudio y el trabajo creador avancen reconvertidos, cultos, seguros de sí, creativos, honestos con actitud frente a la vida. El gobierno en sí, entraña gestión, por lo que administrar tiene que ser cabal, asimismo, la contraloría, la evaluación impasibles, porque de lo contrario políticas a trocha y mocha tejen una malla de corrupción imparable, con distorsión de la personalidad, descontento y, por consiguiente, el efecto búmeran al ser afectados intereses de élites y grupos; la brecha social es insondablemente incomparable y brutal. En este escenario, la mentira ha desplazado a la verdad, en consecuencia, se corona el reino de la violencia. Quienes nos gobiernan tienen que adecentarse y ponerse en sintonía con la realidad que consume a los venezolanos, de más en más, saber conjugar las dimensiones de ser políticos y personas virtuosas, con conocimiento y verdad proporcionar a los ciudadanos “la suma de felicidad posible”. Curtis A., nos dice: “Vivimos en un mundo donde los poderosos nos engañan. Sabemos que mienten, y ellos saben que sabemos que mienten, pero no les importa. Decimos que nos importa, pero no hacemos nada. Nada nunca cambia. Es normal. Bienvenidos al mundo de la posverdad.” (2016). Vital recuperar la conciencia, y obrar con superlativa rectitud por el amor a la verdad, respetando la diferente.

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