Compromiso
María Sara Vivas Araujo
El Planeta, desde sus orígenes ha girado
cambios progresivos en procura del equilibrio para hacer posible la vida humana
y otras especies. Desde tiempos inmemoriales mujeres y hombres en sana relación
con la naturaleza exploran, intervienen, modifican en función de la prosperidad
y magistral estado de paz. La sociedad de consumo provocó insaciables
exigencias humanas arreando el avance industrial que atizó el bárbaro
sometimiento rompiendo el donaire de la relación Humano-Ambiente; como dice el
Papa Francisco: La ávida destrucción de los recursos ambientales constituye
otra herida a la paz. Cruel e injusta desventura ecológica, mundial, obvia
convenios, cartas, discursos, políticas, presupuestos. Antes y ahora, persisten
delitos ambientales con anuencia de autoridades, quienes pretextando eficiencia
de gestión muestran arrojo de complicidad con fieros mercaderes poniendo en
peligro sus susceptibles sistemas, los cuales conforman universo de seres y
fenómenos que decantan bondad, energía, vida.
La ciudadanía pareciera anidar indiferencia y
olvido, infortunio que encubre acuciantes agravios desde tala y quema
irracional, así como hábiles afrentas a la historia, personajes ilustres, Instituciones;
esto, devasta y aflige colectividades en el intento de saberse, identificarse,
organizarse. Chocante, seres que mofan al pueblo y a la justicia, protagonistas
dañinos se bambolean ilesos, enseñoreados con el poder. Claro, unas memorias
los elogian, otras sienten impotencia y coraje.
Enmendar actitudes erróneas es, vivir hoy
prefigurando el mañana sin menoscabo del equilibrio ambiental, es no dejar en
pocos tal responsabilidad. Desde la educación se ha de formar generaciones
comprometidas; a la más tierna edad de nuestros niños y niñas, el maestro de
espíritu dinámico, intenso, inspirador aprovecha métodos y actividades
alusivas, apetitosas, diversas; lecturas, dibujo, pintura…; cursos, concursos
conversatorios, así va modelando conciencias conservacionistas, leales al
plantear, denunciar y acompañar acciones con iniciativas de solución a
problemas ecológicos palpables. Importante, replicar la escuela en la comunidad.
La práctica sobre lo real cristalizaría sueños de vida espiritual y material,
legado de libertad y paz a generaciones venideras.
Esmerada debería ser la selección del
personal responsable del ambiente: Probo, capacitado, integracionista para
trabajar con comunidades adiestradas y dispuestas a proteger, defender,
preservar. Es de impulsar el debate entre y, en todos los niveles educativos
con grupos ecologistas, instituciones públicas y privadas, en zonas rurales y
urbanas. Los crímenes ambientales cometidos son inocultables, vale entonces,
repensar el modo de investigar para hacer justicia, desarticular redes y
paralizar la impunidad atestando castigos ejemplarizantes.
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